domingo, 13 de marzo de 2011

Debería

"Ahora que está tan lejos el olvido,
ahora que me perfumo cada día,
ahora que sin saber hemos sabido querernos como es debido,
sin querernos todavía…"
J. Sabina


Debería ser bastante con un año de sol
para que las penas se secasen para siempre
y con ellas los malos deseos,
los recuerdos de aquel otoño que duró más de seis meses,
o aquel beso de piel que no supo más que a tristeza.

Debería sobrarnos con habernos querido más allá de los brazos
con habernos olido sobre la ropa
habernos amado entre palabra y palabra,
debería…
pero al final siempre se amontonan deudas
y es lo único que nos va quedando apilado a la derecha de cada uno,
a la izquierda de los relojes, de los segundos que pasan...

y los suspiros que no expiro
se siguen sumando al peso del tiempo que no tuvimos.

martes, 8 de febrero de 2011

Hace tiempo que me vengo perdiendo por el camino,
pedacitos de mí en los bolsillos de los transeúntes
pedacitos de mí en los callejones
en las esquinas oscuras donde no llegan los maullidos de los gatos.

Y no soy más que una mendiga de los porqués
una derrochadora de versos y miradas
una anoréxica del sufrimiento
una bulímica del amor,
no consigo pasar desapercibida
porque las miradas al otro lado del cristal son capaces de descifrar mis huellas
y no hay asilo para los silencios
ni para las pesadillas que redundan cada noche.

Guarda el amor, amor,
que no vengan a robarlo los buitres de las azoteas,
que no nos lo azoten hasta amoratarlo,
ni que lo enviden las miradas verdes.

Ven a mi cama mañana mientras todavía duermo
y recomponme, tú que tanto me conoces,
tú que sabes a qué sé,
aquí,
porque solo me encuentro entre las sabanas.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Angela desangelada

Volvió a casa después de un duro día de trabajo, “el peor del año” pensaba ella. Estaba cansada, sus botas parecían haberse ido llenando de guijarros a lo largo del día. Así que cuando llegó a casa se tumbó boca a bajo sobre la cama sin haberse quitado el abrigo y lloró.

Lloró porque le dolían las manos y las plantas de los pies, lloró porque era demasiado tarde para salir a comprar cualquier cosa, lloró por los kilómetros que la separaban de su familia, lloró porque siempre perdía el bus de las 18:45, lloró por los que esa noche estarían cenando solos, lloró por los que duermen en cajeros cada noche, lloró por los que lloran sin saber por qué, lloró también por los que pasan frío, lloró por los que no tendrían nada que cenar esa noche y por los que aun teniéndolo todo no sabrían que cenar, lloró porque en algún lugar en ese preciso momento algún niño estaría muriendo de hambre, lloró por el ultimo suspiro de alguna mujer asesinada a manos de su marido, lloró por los Polos, por los osos polares, por las focas y por los visones que más de una tía asquerosa vestiría esta noche, lloró por los que no saben llorar y por los que aun sabiendo piensan que llorar es de cobardes.
Entonces se levantó, fue al baño, se lavó la cara y mirándose al espejo sonrió pues después de todo era muy afortunada.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Doce horas

Llegan puntuales las noches,
como casi siempre, cada doce horas,
el momento de debatirse entre el sí y el no
entre el ahora y el “ espera un momento”,
entonces me doy cuenta de que odio las matemáticas,
porque la profesora dice que follar es palabrota
y yo le digo que follar no es más que
hacer el amor al cuadrado
y que sexo por X es igual a dos cuerpos desnudos sobre una cama.

Ya lo sabes, soy una niña aplicada
pero también una alumna rebelde,
nada tiene que ver con pretender ser poeta.

En la calle solo quedan gatos pardos haciendo honor al refrán,
gente buscando en los contenedores restos de otras gentes
de esta capital con inicial de teleserie de los ochenta.

jueves, 21 de octubre de 2010

Siberia en el salón


Ya te lo dije, “enamorarse de una poeta es tarea difícil”,
pero te empeñaste en quererme con las cinco vocales,
decías que nada te asustaba tanto como perderme.

Y ahora ya sabes tantas cosas de mí
que soy yo la que teme perderse de tu lado.

Porque te creo tanto que solo me veo guapa si eres tú quien lo dice.

Pronto tendremos Siberia instalada en el salón,
otra vez a llenar el sofá de mantas y los cuellos de bufandas,
otra vez a buscar entre las telas huecos donde besar,
cuellos donde morder,
porque alguna vez en otra vida tú y yo fuimos vampiros,
y volveremos a ver nevar detrás del cristal de la televisión,
a tiritar por los que pasan frío,
e inventaremos un verano a las afueras del mundo
donde el mar ya no se llame mar pero nos lo dejen surcar en velero,
o inventaremos una vida en alguna isla del este.

Y ahora a estas alturas ya no te asusta que sea poeta,
ni que llore sin saber porqué,
porque dices que te gusto al despertar sobre todo cuando canto,
y que huelo a mí, que es mucho mejor que oler a Chanel Nº5.
Y a mi me encanta gustarte porque contigo es fácil sonreír
y me siento bastante menos poeta.

martes, 28 de septiembre de 2010

"La terquedad del ser"

Hay montones de papeles a un lado
y al otro palabras por escribir y cuestiones sin resolver,
ojalá la vida fuese tan fácil como un poema,
te hubiese llenado de versos hasta que me comprendieses,
hasta que te dieses cuenta de que no soy tan difícil como siempre te parecí,
al fin y al cabo tengo las cosquillas donde casi todo el mundo,
sobre las rodillas,
el caso es que sin tocarme conseguías hacerme reír.

Y después están los despueses,
ya sabes,
esos vacíos que no se consiguen llenar de nada
y que si soplas a través de ellos silban como las botellas de cristal.

¿Cómo decirlo sin que suene a eco?
Echo de menos tu playa, el paseo y el espigón desde donde me hablabas con los ojos.
A estas alturas no recordarás a qué te supo mi boca
ni cómo temblaba el libro que sostenía bajo el brazo la primera vez que nos vimos.

Este empeño en romper las promesas que me hago…

miércoles, 22 de septiembre de 2010

A mis veintinueve

A mis veintinueve años más una semana veo las cosas distintas que a mis veintinueve años menos una semana. No es que de repente me haya dado cuenta de que las copas de los árboles son azules cuando siempre pensé que eran verdes, no, no es eso, es un modo diferente de percibir las cosas.


¿Será que me estoy haciendo adulta? O tal vez sea todo lo contrario, que mientras mis miembros van madurando mi mente todavía sigue en edad pueril. Porque si de algo me he dado cuenta es que la adolescencia no es solo caras con granos, hormonas revueltas y ganas de practicar sexo hasta con las moscas.

El domingo me invitaron a un helado. Era un cucurucho de esos gigantes en los que te falta lengua y sobran goterones y chorretones para mancharte, de hecho, por más empeño que puse no pude evitar que una gota de helado de avellanas se estrellase contra mis converse violeta (que no son converse sino marca blanca como en mercadona). No sentí rabia, ni enfado, tal vez un poco ridícula por no saber controlar un simple helado, de dos super bolas, permíteme recalcar.

Pues el caso es que frente a mí en otra de las mesas había sentada una mujer. No supe calcular su edad, pero debía oscilar entre los treinta y siete y los cuarenta y cuatro. Estaba sentada sola, con cara de ilusión y un helado tan grande como el mío. Había algo en ella que me hacía sentir bien. Pronto me di cuenta de qué era. Llevaba trenzas. Una a cada lado, como llevan las niñas de cinco años… ¡y le quedaban tan bien! He de decir que no era precisamente un bellezón de mujer, pero sus ojos, su rostro desprendían luz. Entonces recordé que una vez le dije a quien fue mi pareja que el día que no tuviese edad para llevar trenzas me lo dijese, pero cuando vi a aquella mujer comprendí que no hay edad para dejar de llevarlas, que tampoco la hay para dejar de lamer helados, ni para dejar de sentarse en el suelo o hacer castillitos de arena a la orilla del mar, que la vida no se mide en años vividos sino en sueños que quedan por cumplir. Y envidié la ilusión de aquella mujer, la admiré y me sentí agradecida en ese momento por haberme cruzado con ella.

Lo bueno de ir cumpliendo años es que hay cosas que las percibes de un modo diferente, como con más claridad, o comprensión o como quieras llamarlo.

Y es que la vida viene a ser algo así como una película alemana en versión original y poco a poco los años le van poniendo subtítulos.