
Hoy me duele el estomago y cuando eso me pasa lo veo todo de otro modo. Todo se vuelve más gris y cuando me gritas parece que lo haces mucho más fuerte que de costumbre. Las palabras se vuelven reproches y siento pena por todo, pero nunca de mí, sino de ti mayormente, porque siento que algo te molesta, algo que debería no ser así, quizá no sonrío como ayer o mis besos te supieron a barro, pero no el barro de la lluvia recién caída, sino al que se hace en los pastizales junto a los caminos donde orinan los perros y defecan los caballos.
Hoy me duele el estómago y cuando eso me pasa tú no me hablas, es normal, lo comprendo, en días así a penas sirvo para nada, de la cama al sofá haciendo de nómada a rastras por el pasillo, pero te prometo que mañana estaré bien y me quitaré la ropa delante de ti y dejaré que me hagas lo que quieras y que me llames Lidia aunque realmente no sea mi nombre porque cuando me llamas así sonríes y me amas, entonces me siento bien por saberte feliz. No me importará que me ignores al terminar, porque sé que siempre estas cansando y amnésico después del sexo, pero hoy…hoy no puedo ser nada más que yo porque me duele el estómago, bueno, el estomago y el alma, pues te acabas de encerrar en el cuarto después de llamarme inútil. Tu mundo y tú vivís en otra galaxia paralela al salón de casa, yo soy solamente una visitante fortuita que aparece de vez en cuando y hace maletas cuando se lo pides.
Hoy me duele el estomago, creo que empezó anoche cuando me dijiste que en tu cama solo había sitio para dos y ya solo mi cuerpo completaba el cupo, que si pensaba quitarme la ropa mejor no encendiese la luz porque no querías vomitar la cena, era el momento de salir de allí con la manta debajo del brazo y dormir en el sofá, sabes que no me molesta porque es muy cómodo pero la ventana está rota y cuando hace aire golpea y hace ruido, tanto que me da miedo. A ti no te importa que llore cuando tengo miedo, dices que si no lloro por una cosa al final terminaré haciéndolo por otra y que cuando antes salgan esas lágrimas mucho mejor para todos. Así que procuro llorar rápido y en voz bajita para que puedas escuchar bien la película de tiros que echan por las tardes, a mi no me gustan esas películas, pero me dejas cogerte de la mano mientras las ves, así que me quedo contigo mirando la televisión.
A veces quisiera emigrar de tu lado, marcharme lejos sin dejar despedidas, pero entonces me llamas por mi nombre y me miras a los ojos, a mi se me cura el dolor de estómago y me siento mal por haber pensado alguna vez en alejarme de ti. No soy buena en nada y pocas cosas me gustan tanto como escribir, tú dices que eso son bobadas y que la poesía me está volviendo loca, que si algún día me encierran en un manicomio no vendrás a verme y si lo haces lo harás de la mano de Lidia, que es la única que me medio soporta en este mundo.
Ella me cae bien, no sabe que me llamas así mientras me haces el amor y tampoco se lo quiero decir, me da vergüenza, no quiero que piense mal de ti, yo sé que lo haces sin maldad, porque me quieres, me lo dices una vez a la semana y suena tan sincero que a mí me basta.
Hoy me duele el estómago y creo que más que de costumbre. El médico me recetó unas pastillas para cuando esto me ocurriese, dice que es ansiedad, pero yo estoy convencida de que es el amor que intenta salírseme por la boca. Me dijo que bastaba una pastilla con el desayuno y otra antes de dormir. Como hace más de un mes que no duermo creo que me las voy a tomar todas juntas, es lo mejor, treinta días por dos pastillas diarias son sesenta. Ojalá durmiese sesenta días seguidos o sesenta años, al menos no me dolería el estomago.
Una, dos, tres…veintisiete, veintiocho, veintinueve…cincuenta y ocho, cincuenta y nueve, sesenta.