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jueves, 12 de noviembre de 2009

¿Qué pasa cuando te quieren y tú ya no? Cuando miras atrás y no sientes añoranza de nada, aunque tampoco borrarías el pasado porque es tuyo. ¿Qué pasa cuando ya sientes que el amor no es más que un trozo de ceniza que se ha rendido despues de la lluvia? y ¿qué ocurre despues de que la noche que pensabas llorar no lo haces?
¿Qué se siente despues de la tristeza?Y después de la nada,¿se siente algo?
Ya no espero nada y espero que el que espera se desespere y me deje como causa perdida, que es lo que soy y aunque me tenga que alimentar de versos y relatos de aquí al final de mis dias, sola, creo que por primera vez en mi vida me alegro de ser gen-éticamente inexacta.

viernes, 17 de julio de 2009

Sobre la balanza

Me gusta el olor a incienso, sobre todo cuando el humo empieza a expandirse por el pasillo y la casa huele a todo menos a casa. Es como si un pedacito de otro mundo viniera a visitarme, entrando descaradamente sin llamar a la puerta, sin pedir un permiso que obviamente le daría.
Odio el sonido de los timbres, es como un aviso estridente de alguna visita desagradable, sin embargo me resulta tan cálido el sonido de los nudillos sobre la puerta, tan natural que creo que si la madera sonriese de alguna forma sería así.
Me gustan las madrugadas tardías, esas en las que el sueño no viene a visitarme y solo consigo pensar en él, en ella, en ti. A veces pienso que mi cama se hace chiquitita y yo con ella, que podemos salir ambas por la ventana y volar hacia cualquier lugar sin que nadie nos vea, casi puedo sentir el fresco de la noche en mi cara, quizá a eso sea a lo que se refieren cuando hablan de soñar despiertos.
Me gusta el olor a ropa recién planchada y sin embargo adoro las arrugas, los pliegues y la asimetría. Siento que lo que es demasiado liso no me pertenece, quizá por ser tan genéticamente exacto, y es que cuando las cosas se ven tan lindas deben tener un cepo mortal escondido en cualquier parte, o ¿nunca te cortaste con un folio?
Odio los uniformes, porque sé que el hábito no hace al monje.
Me gustan las películas de llorar y la gente que me hace reír, adoro las sonrisas cuando los ojos también sonríen y me alegro de saber descifrar las miradas aunque la persona que tengo en frente no medie palabra.
Odio las leyes porque no tienen arrugas pero sí muchos cepos, o ¿nunca te cortaste con una ley?
Me gusta el pan con mantequilla y la leche con cola cao, porque huele a infancia y a calor de madre, a dibujos animados y a merienda descalza sobre el sofá, sabe a beso en la frente y a cuento antes de dormir.
Odio las guerras y el anonimato de las muertes, odio las cifras y los números tatuados en el antebrazo. Odio el dinero, la envidia y a la gente engominada con raya al lado, no me resultan de fiar, se empieza por pretender dominar el pelo y se termina por querer gobernar el mundo, solo hay que ver una foto de Hitler.
Me gusta despertarme cruzada en la cama, abrazarme a la almohada y pensar cuánto hace que no me besan y recordar cuándo fue la última vez, a que sabía su boca, como me temblaban las piernas (porque todavía me pongo nerviosa con un beso en los labios).
Odio el olvido, porque solo aparece cuando menos se le precisa, supongo que él también tiene sus leyes.